“Que que la CNI devuelva a mis hijos”: Hoy se cumplen 38 años de la muerte de Sebastián Acevedo Becerra.

por Mikal

En 1983 Galo y María Candelaria Acevedo Sáez, hijos de Sebastián Acevedo, fueron detenidos por civiles armados que no se identificaron.

Tras la desaparición de sus dos sus hijos Galo y María Candelaria, el 09 de noviembre de 1983, Sebastián comenzó una incesante búsqueda de sus paraderos, y en su última visita al Arzobispado de Concepción advirtió que se quemaría si no tenía respuestas.

En su desesperación, el 11 de noviembre de 1983, Sebastián Acevedo se instaló en las escalinatas en la entrada de la Catedral de Concepción, se roció con combustible, gritó «Que que la CNI devuelva a mis hijos… Señor, perdónalos a ellos y también perdóname por este sacrificio’, y se inmoló ante los ojos de cientos de personas.

El acto causó tal revuelo que motivó la liberación de su hija María Candelaria y la creación del Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo, agrupación que hizo frente a la dictadura a través de la no violencia activa.

La muerte de Acevedo es considerada una muestra del dolor y angustia de quienes vivieron la desaparición de familiares durante en el régimen cívico militar.

Estaba angustiado. Pedía que la CNI le devolviera a sus dos hijos, detenidos ilegalmente. Fue al Arzobispado de Concepción, recorrió comisarías y salas de prensa, conversó con autoridades civiles y militares. Pero a Sebastián Acevedo nadie lo ayudó. El 11 de noviembre de 1983 se instaló afuera de la Catedral penquista, se roció con bencina y se prendió. Moriría horas después. Su deceso conmovió al país e inspiró el décimo capítulo de Los archivos del cardenal. Hoy sus hijos recuerdan a Sebastián Acevedo con orgullo, convencidos de que el sacrificio de su padre les salvó la vida

Momento en que Sebastián Acevedo se inmoló por sus hijos, 9 de noviembre de 1983

«Perdóname, señor»
Sebastián Acevedo estuvo tres días buscando a Galo y María Candelaria. El viernes 11 de noviembre, después de despedirse de su esposa, se dirigió al Arzobispado de Concepción. Sería su último intento. Cuando llegó a las oficinas estaban cerrando y le pidieron que volviera después de almuerzo. Desesperado, advirtió que se quemaría si no tenía noticias de sus hijos.

Luego, compró dos bidones con diez litros de bencina y parafina. También compró un encendedor. A las 15:30 volvió al Arzobispado y dejó un mensaje. Al salir, se volcó el primer bidón sobre el cuerpo. Mientras caminaba hacia la Plaza de Armas, gritaba exigiendo información sobre sus hijos. Lo siguió a distancia el sacerdote Juan Bautista Robles, secretario general del Arzobispado, pidiéndole que se tranquilizara. Pero Sebastián Acevedo estaba decidido. Sin parar de mencionar a sus hijos, se instaló en la entrada de la Catedral de Concepción. Ahí terminó de vaciarse el resto del combustible. Llamó la atención de los transeúntes y fueron varios los que trataron de impedir su acto. «Los alejó haciendo una raya con tiza blanca ante sí. Aseguró que solo podrían pasarla quienes tuvieran noticias de sus hijos. Con el encendedor apretado en su mano derecha, prometió quemarse si se acercaba cualquier otra persona», se narra en El Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo, del escritor Hernán Vidal.

Movimiento contra la tortura Sebastián Acevedo

Sin embargo, un carabinero intentó cruzar la línea y entonces Acevedo cumplió su palabra y accionó el encendedor. Completamente en llamas, bajó las escaleras de la Catedral y cruzó hacia la Plaza de Armas. Quería llegar hasta la Intendencia, pero cayó antes. Algunos transeúntes gritaban. Unos taxistas corrieron a ayudarlo con los extintores de sus autos y un joven le tiró su chaqueta. Había personas que lloraban, mientras otras estaban paralizadas. Alguien pidió una ambulancia pero esta nunca llegó. Cuando los taxistas lograron apagar las llamas, su cuerpo estaba negro. Nunca dejó de gritar por sus hijos.

Avisado por el personal de la arquidiócesis, el sacerdote y periodista Enrique Moreno fue a darle la extremaunción. Llevó su grabadora y capturó las palabras de Acevedo: «Quiero que la CNI devuelva a mis hijos… Señor, perdónalos a ellos y también perdóname por este sacrificio». Con un 95 % del cuerpo quemado, fue llevado de urgencia al Hospital Regional en un furgón de Carabineros.

Con quemaduras de extrema gravedad, Sebastián Acevedo fue internado en el Hospital Regional de Concepción. Mientras el obrero agonizaba, la CNI liberó a su hija, quien alcanzó a despedirse de él. “Me dijo que cuidara a mi hijo, a mi hermano, que no dejara abandonada a mi madre

Canción a Sebastián Acevedo Becerra. Homenaje de Cristina González. Antología de Canto Nuevo-.

Cristina González (Narea) es una compositora y cantante de temas que desde la canción de autor fusiona sin discriminar estilos diversos que encajan con su tiempo y emoción. El jazz/bossa, el pop, el folk con la mirada rockera que la caracteriza y letras que exudan poesía.