Negacionismo: Jorge Arancibia, la piedra en el zapato

por Mauricio Castro-Piensa Prensa

El reconocer las violaciones a los derechos humanos en Chile tiene el deber de transformarse en la piedra fundamental que nos lleve a un consenso universal de la democracia y con la clara convicción de que esto no debe volver a pasar nunca más. 

A propósito de la frase de Marcela Cubillos q ue señala: “aún existe libertad de expresión y de emitir opinión sin censura previa”, en alusión al reglamento de la Convención Constitucional que tipifica y sanciona el negacionismo, hay ciertos puntos que merecen un análisis un poco más mesurado respecto a estos temas tan delicados y que tanto daño le hicieron a nuestro país en el pasado reciente y lejano.

De acuerdo a lo que aprobó la Comisión de Ética de la Convención, negacionismo es “toda acción u omisión que justifique, niegue o minimice, haga apología o glorifique los delitos de lesa humanidad ocurridos en Chile entre el 11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo 1990 y las violaciones a los derechos humanos ocurridas en el contexto del estallido social”.

Sobre este punto, la constituyente y ex ministra del gobierno de Sebastián Piñera, aseguró en su cuenta de Twitter que “algunos, en su afán refundacional totalitario, actúan como si ya hubieran redactado y aprobado una Constitución nueva. La opinión de una comisión no está por encima de las garantías constitucionales”.

Pero, ¿dónde está su error o su sesgo histórico? Vayamos a la definición de la palabra ‘negacionismo’. Según el diccionario es, en una de sus acepciones, el “rechazo de un hecho histórico o de una evidencia que se consideran desagradables y crean malestar”. De esta manera, en mi opinión, el reconocer las violaciones a los derechos humanos en Chile tiene el deber de transformarse en la piedra fundamental que nos lleve a un consenso universal de la democracia y con la clara convicción de que esto no debe volver a pasar nunca más. 

Ahora, lo que reclama Marcela Cubillos – y donde toma ahora para su conveniencia la bandera de la libertad de expresión – es por lo menos censurable. Basta recordar lo que en su momento señaló el historiador alemán y académico, Stephen Ruderer: “la libertad de expresión es un derecho muy importante, y hay que ser muy cuidadoso al limitarlo. Sin embargo, la dignidad de las víctimas y sus familiares es más importante. El consenso básico de una democracia excluye opiniones negacionistas”.

 Augusto Pinochet recibe un crucifijo de madera de parte del entonces Comandante en Jefe de la Armada de Chile, Jorge Arancibia

La génesis de todo este conflicto nace de la presencia del ex almirante y ex edecán de Augusto Pinochet, Jorge Arancibia. “¿Soy un ejemplo de antidemocracia? ¿Soy un personaje negacionista?. Yo los quiero y quiero trabajar con ustedes y me gustaría que se me pagara con la misma moneda”, señaló en su momento el ex comandante en Jefe de la Armada quien aseguró que en los 70 su objetivo personal fue “matar comunistas”.

En una descarnada entrevista realizada por el periodista Santiago Pavlovic, Jorge Arancibia relató que durante el gobierno de Salvador Allende – y cuando él era capitán de corbeta de la marina – “había unos letreros que llamaban a la subversión de la gente que se pegaban en las calles. Era una situación tan tensional que yo dije, mire, si seguimos así yo pesco un fusil, me voy al cerro y voy a ir a matar a comunistas, para decirlo francamente, porque ese era mi objetivo personal”.

Estas declaraciones rescatadas de los archivos del programa Informe Especial fueron la guinda de la torta para que la mayoría de la convención solicitará la salida del ex almirante de la Comisión de Derechos Humanos por considerarlas una ofensa a la memoria de los miles de fallecidos y detenidos desaparecidos durante la dictadura de Pinochet, de la cual Arancibia fue un estrecho colaborador.  

“Instalar al señor Arancibia como miembro de la comisión de derechos humanos es una provocación. Es una persona que trabajó activamente en la dictadura de Augusto Pinochet que violó sistemáticamente los derechos humanos de miles de personas”, señaló en su oportunidad el constituyente por el distrito 28, Mauricio Daza. Pero también respaldó la presencia del ex uniformado asegurando que “tiene derecho a participar en todas las instancias de la convención. Él no llegó de Júpiter sino que fue electo con un número importante de votos”.

Y aunque duela es verdad. La gente lo votó y lo instaló en la Convención Constitucional. Para reflexionar.