Respuesta a la carta “Por qué la carretera hídrica submarina no es una opción, desde el punto de vista científico”, del Hidrólogo Pablo Garcia-Chevesich

Por: Félix Bogliolo, Fundador y CEO de Via Marina, Ingeniero por l’École Polytechnique
de París – Francia y Doctor en Economía por la Universidad de Burdeos – Francia.

Creo que, en beneficio de la transparencia, es útil informar que le había propuesto al
Autor de esa carta que escribiéramos un artículo en conjunto, exponiendo de manera
consensuada nuestros acuerdos y desacuerdos; así evitaríamos idas y vueltas
consecutivas de nuevas cartas y sus consiguientes respuestas; propuesta que rechazó,
invitándome por lo contrario a colaborar en sus proyectos de desalación.
Aclarado este punto, quisiera referirme a una serie de afirmaciones, reproches,
acusaciones y comentarios que el Autor realiza en la mencionada carta:

en relación

  • Me reprocha por no mencionar en mi respuesta que “antes de comenzar a pensar en
    importación de agua en cuencas, lo primero que debemos hacer es aplicar tecnologías y
    técnicas existentes que faciliten la eficiencia hídrica, sobre todo en la agricultura”. Pero,
    ¿es necesario repetir que “antes de intentar apagar un fuego, lo primero que se debe
    hacer es llamar a los bomberos”? No por ello, pensar en un trasvasije inter-cuencas deja
    de ser legítimo porque los números entre esa solución y la mejoras en la eficiencia
    hídrica no cuadran. El reconocido experto chileno en temas de agua, Orlando Acosta,
    que supervisó por parte de Corfo el estudio Corfo/UCh de junio 2019, estima que el
    incremento de la eficiencia del riego liberaría un caudal de aproximadamente 30 m 3 /s al
    horizonte 2030 en una idealización que califica de muy optimista. Vale decir, menos de
    10% de la demanda suplementaria estimada en 378 m 3 /s por ese mismo estudio. Pero
    que sin embargo hay que conseguir, obviamente.
  • Invoca a Vargas et al. (2020) en Nature Sustainability, entre otros numerosos estudios
    no explicitados, para calificar un trasvasije inter-cuencas de solución “más dañina en
    términos económicos, ambientales y sociales”. Sin embargo, cabe señalar que dicho
    escrito no ha sido sometido a una revisión académica, lo que, según la misma lógica
    expuesta por el Autor, lo descalifica científicamente, ya que es una “carta al Director” de
    dicha revista, la que se limita a expresar las opiniones personales de sus autores.
  • Acusa al Proyecto Aquatacama de satisfacer las necesidades de la “gran agricultura”.
    Para retomar su fraseología, “parece no haber captado” nuestras numerosas
    publicaciones donde escribimos que es potestativo de las autoridades chilenas decidir,
    tomando la cifra “ficticia” de 200.000 ha suplementarias a regar por el Proyecto.

repartirlas en 200 lotes de 1.000 ha o en 20.000

  • Nos acusa de no definir un “costo preciso” para el Proyecto. Cada una de las variantes
    estudiadas sí tiene un “costo preciso” determinado por nuestros estudios. Obviamente,
    ese costo depende del caudal transportado (variantes que van de 5 m 3 /s a los 75 m 3 /s
    señalados en el párrafo anterior), del reparto de ese caudal a lo largo de la ruta
    abastecida (variantes que entregan más en un punto determinado, pero menos en otro
    punto, para un mismo total) y de la longitud del Proyecto (variantes de van de una única
    etapa de aprox. 200 km a cerca de 25 etapas entre Concepción y Arica). En
    consecuencia, el costo del Proyecto puede variar entre 3,5 y 6,5 MUSD por kilómetro, de
    manera totalmente justificada y explicitada para cada variante.
  • Alude a los “sobre costos” que grandes proyectos acaban evidenciando. Aunque el


Proyecto viniera a sufrir de la misma falencia, las consecuencias correspondientes
recaerían sobre su concesionario y no sobre el erario público, puesto que está
enmarcado en el sistema chileno de concesiones por iniciativa privada.

  • Invoca Yébenes et al. (2018) y de nuevo Vargas et al. (2020) para estigmatizar las
    “atroces consecuencias que (el Proyecto) causaría en los ríos donantes (efectos en los
    ecosistemas costeros y ribereños) y en las cuencas de recepción (esto último debido al
    transporte de contaminantes e introducción de especies). Ya hemos comentado el
    escrito Vargas. Respecto del artículo Yébenes, no es aplicable a nuestro caso puesto
    que se refiere a los efectos de una sequía sobre los ecosistemas de todo el río y no a
    los efectos de una captación en la desembocadura como la que realizará el Proyecto.
    Retomando la fraseología del Autor, “parece no haber captado” nuestras numerosas
    publicaciones donde escribimos que el Proyecto idea tomar “una fracción de la
    diferencia (A-B) en (A) el caudal físico realmente constatado en la desembocadura
    (vale decir que ningún usuario río arriba ni actual ni futuro se verá restringido) y
    (B) el caudal ecológico requerido por los ecosistemas del pequeño tramo río
    debajo de la toma y de la pluma del río en el mar, por ejemplo la pesca artesanal
    local (vale decir que los intereses de dichos ecosistemas estarán bien
    salvaguardados)”. Dicha fracción quedará fijada en función de los resultados del
    Estudio de Impacto Ambiental y de las consultas ciudadanas e indígenas que se
    realizarán antes de la licitación de la construcción. Y dicha fracción se adaptará en
    función de todas las variaciones estacionales o tendenciales de dicha diferencia (A-B).
    Tampoco “parece haber captado” nuestras numerosas publicaciones donde escribimos
    que el agua transportada será previamente tratada para evitar transportar bioelementos
    y materias en suspensión que pudieran dañar nuestra tubería, lo que evitará la
    transmisión de especies invasivas (fauna y flora) hacia las regiones “beneficiarias” y
    devolverá al río la casi totalidad de los nutrientes y sedimentos que transporta para el
    beneficio de los ecosistemas locales. Invitamos el Autor, como todos los “académicos
    nacionales que se especializan en distintas áreas de la ciencia” (a los cuales el Autor
    hace un llamamiento), a contribuir con toda su ciencia, a la realización de dichos
    estudios y consultas, durante su realización.
  • “Duda del éxito de un megaproyecto que dependa únicamente del agua de cuatro ríos
    ya que las precipitaciones en la zona sur continúan disminuyendo y los glaciares siguen
    derritiéndose”. Los recientes estudios del Balance Hídrico Nacional, realizados por la
    Universidad de Chile para la Dirección General de Aguas, proyectan una reducción, en
    el peor de los escenarios del Cambio Climático, de un 25% de las precipitaciones en
    dicha zona. Lo que reduciría el margen de 1 a 3 entre la “disponibilidad sureña” de
    1.000 m 3 /s y la demanda nortina de 378 m 3 /s (según el ya mencionado Estudio
    Corfo/UCh – 2019) a un margen de 1 a 2, lo que todavía es sustancial.
  • Comenta que “estar “conectados” hídricamente como país suena hermoso, pero en la
    realidad es un riesgo, pues cualquier problema o falla que se presente en el acueducto
    suspendería indefinidamente el abastecimiento de agua”. El Proyecto, como cualquier
    obra humana, puede padecer problemas o fallas, pero esos problemas o fallas no tienen
    consecuencias “indefinidas” ni “totales”: sólo el tiempo de repararlas- máximo unas
    pocas semanas- y sólo parciales, ya que es poco probable que todos los tubos paralelos
    (hasta 5 dependiendo de las etapas y del caudal total) colocados sobre el lecho marino
    a buena distancia uno del otro y en todas las 25 etapas sucesivas entre Concepción y
    Arica se rompan a la vez. Y durante ese tiempo, el abastecimiento de agua de las
    regiones “beneficiarias” podrá ser completado por los almacenamientos de agua
    intermedios que se realizarán en el contexto del Proyecto: bien llenando los embalses
    actuales o previstos, llenando pequeños reservorios nuevos a integrar al Proyecto o
    rellenando acuíferos. Al conseguir la interconexión de todos los recursos hídricos, el


Proyecto permitirá mantener llenos esos almacenamientos constantemente, lo que
proporcionará al país una seguridad hídrica muy elevada

  • Alude a los “riesgos de salinización de los suelos que conlleva la irrigación”, pero ese
    riesgo es ajeno al Proyecto. Es como decir que “no hay que construir más autos porque
    crean accidentes de tránsito”. No porque en algunos proyectos de riego no se haya
    practicado correctamente, el riego es una técnica a rechazar. Es esa mala práctica del
    riego que hay que cambiar.
  • Critica los trasvasijes inter-cuencas señalando que “sirven para incrementar las
    superficies de cultivo”. Con este argumento y otros de su alegato, aboga claramente por
    “reducir la demanda” y no “aumentar la oferta”. Una política de la “demanda” impone a
    ésta adaptarse a la “oferta” existente: lo que, de forma metafórica, se puede expresar
    como “reducir los comensales”. Una política de la “oferta” suscita la mejora de ésta para
    satisfacer toda la “demanda” tanto existente como potencial, pero no evidenciada (por
    ejemplo el millón de hectáreas nortinas que tienen el potencial agronómico y
    meteorológico para ser productivas pero que no pueden serlo sólo por falta de agua
    según el ya mencionado Estudio Corfo/UCh 2019). Lo que, siguiendo con la misma
    metáfora, se puede expresar como “multiplicar los panes”. Quienes critican el Proyecto
    abogan por una política de demanda, y recomiendan limitar los usos al agua existente
    localmente. El Proyecto es un instrumento al servicio de una política de oferta, la cual
    puede pensar en ampliar los usos a la totalidad del agua existente nacionalmente.
  • Afirma gratuitamente – puesto que no cita ninguna referencia ni da ningún ejemplo
    geográfico para fundamentar sus dichos – que “la experiencia internacional nos indica
    que cuando se lleva agua desde un lugar en donde el recurso “abunda” hacia un lugar
    en donde es “escaso”, finalmente se termina con dos desiertos en el largo plazo”. Si bien
    es verdad que los tradicionales trasvasijes terrestres conllevan numerosos e importantes
    problemas medioambientales río abajo de sus tomas, esto no se aplica a nuestra
    innovación (y por consiguiente no estudiada por ninguna investigación) que tomando
    agua muy río abajo, en la desembocadura, y de manera respetuosa del medioambiente
    local, no puede conllevar ningún perjuicio para las regiones dadoras, ni económico ni
    ecológico. Por conocer muchos de esos trasvasijes terrestres tradicionales, sí puedo
    afirmar que las zonas de destino no son ningún desierto. Bien al contrario, y por
    ejemplo, la región de Murcia, destino del famoso Acueducto Tajo – Segura, en España,
    se ha transformado, en los cuarenta años que lleva en operación, en el vergel y la
    huerta de Europa, con decenas de miles de hectáreas antiguamente desérticas hoy muy
    productivas, con centenas de miles de empleos directos e indirectos, generando
    numerosos puntos del PIB y de las exportaciones españolas.
  • Continúa en su alegato abogando a favor de la desalación, repitiendo,
    sorprendentemente sin análisis crítico alguno para un “científico”, el consabido
    argumentario del lobby de dicho gremio. Es más, se atreve a ampliar dicho argumentario
    con una propuesta de geo-ingeniería (ver las páginas Wikipedia sobre este término para
    conocer de los posibles estragos de tales técnicas- en los tres idiomas que leo-:
    https://es.wikipedia.org/wiki/Geoingenier%C3%ADa ;
    https://fr.wikipedia.org/wiki/G%C3%A9o-ing%C3%A9nierie ;
    https://en.wikipedia.org/wiki/Climate_engineering) “los desechos de salmuera
    contribuirían a que la corriente de Humboldt vuelva a alcanzar su nivel de salinidad
    anterior que el derretimiento de los hielos antárticos le ha hecho perder”. Dejo el lector
    juzgar cuál de las dos soluciones es más riesgosa: entre el Proyecto innovador cuyas
    consecuencias están todavía por estudiar y la desalación a gran escala cuyos estragos
    ecológicos están muy documentados puesto que es una técnica madura. Ver por
    ejemplo: E. Jones et al. The state of desalination and brine production: A global outlook.


Science of the Total Environment. Vol. 657, January 14, 2019
(https://www.researchgate.net/publication/329476006_The_state_of_desalination_and_b
rine_production_A_global_outlook). La que ha generado obviamente la ira de toda la
industria de la desalación y gatillado una avalancha mediática importante para rebatir
sus conclusiones. Y para el caso chileno, ver también: Fernando Santibáñez (Profesor y
Director del Centro de Agricultura y Medio Ambiente, Universidad de Chile) y Claudia
Santibáñez (Directora de la carrera de Ingeniería en Medio Ambiente y Sustentabilidad,
Universidad Mayor) – Análisis de las soluciones posibles a la escasez hídrica del norte
chileno – Julio 2020, no publicado, consultable en http://aquatacama.com/estudios-
complementarios

  • Acaba su alegato con una frase poco “científica”: “o de lo contrario nuestros hijos
    sufrirán las consecuencias”. Los estudios que están por realizar antes de la eventual
    licitación de la construcción del Proyecto determinarán cuáles son sus eventuales
    consecuencias, lo dimensionarán para minimizar sus eventuales estragos, idearán
    cuáles son las medidas de mitigación y/o compensación para paliar sus eventuales
    estragos residuales, y buscarán maximizar sus beneficios. De momento, lo que está
    ampliamente difundido es que, en las regiones centro y norte de Chile, la situación
    hídrica está impactando negativamente la calidad de vida de todos sus habitantes, lleva
    la industria a postergar inversiones, reduce las superficies agrícolas, disminuye los
    rendimientos de los cultivos (ver por ejemplo censos agrícolas). Todo ello lleva a unas
    migraciones internas no deseadas de miles de personas. Lo que el Proyecto podría
    contribuir a subsanar sin perjuicio alguno para las regiones “dadoras”, como lo
    demuestran numerosos estudios que se pueden consultar en nuestra página web:
    http://aquatacama.com/estudios-complementarios.

Por: Félix Bogliolo, Fundador y CEO de Via Marina, Ingeniero por l’École Polytechnique
de París – Francia y Doctor en Economía por la Universidad de Burdeos – Francia.