PRIMERA LINEA: “Correr no era una opción, habíamos corrido 30 años y nunca habíamos ganado nada. Me fui a la Primera línea, con una pura polera en la cabeza y un camote en la mano…”

por @PrimeraLinea9 Padre, esposo, primera línea.

“Era 18 de Octubre, yo tenia turno de noche, como siempre, la Alameda estaba cortada desde Estación Central así que caminé, caminé y vi barricadas en todas las esquinas. Mientras más me acercaba a La Moneda más grandes eran las barricadas, me quedé en Los Héroes hablando con la gente.

Después me fui al trabajo y ahí estuve hasta las 8 am. El trayecto y la historia se repitió las 4 noches que tenía turno. Desde chico en La Bandera miraba como los más grandes protestaban los 11/9 y los 29/3. En el colegio protestamos por los pases escolares. Luego vino la revolución pingüina, marchas tras marcha, los capucha éramos mal mirados, nos echaban, nos paqueaban, nos entregaban a los pacos. Recuerdo ese año me caí arrancando de los pacos y me sacaron la xuxa, como pude me paré y me arranque. Marcha tras marcha.

Fui entendiendo que en Chile las marchas no servían, porque se ocupaban las calles, pero tenían pánico de molestar a los poderosos. Me alejé de las marchas muchos años, en mi mente existía solo la posibilidad de un paro nacional para tocarle los bolsillos a los dueños de Chile.

Así llegamos hasta el 2019, en septiembre había llegado la carta de despidos, nos habían echado a todos en la empresa y el contrato terminaba el 31 de Octubre. Mi pareja estaba embarazada y tenía fecha de parto para la misma fecha.

Desde que empezaron las protestas no podía ir (sería super fome perderme el parto por estar protestando) así que aguanté hasta que nació mi hija. Así llego Noviembre y pude ir a una marcha en la Alameda, fui solo, porque la experiencia previa decía que así era mejor. Mientras iba a la altura del GAM vi caminar a mi cuñada y mi sobrina, me acerque a ellas y las abracé fuerte, feliz de verlas ahí. Nos quedamos juntos escuchando música y vacilando abajo del parlante entre Vicuña y Corvalán, se escuchaban las lacrimogenas y los escopetazos. Pasaban heridos por perdigones, pasaban las camillas vacías, pasaba gente gritando desesperada por las lacri. El guanaco logró salir por Corvalán hasta la Alameda y comenzó a mojarnos a todos, solo por el hecho de estar ahí, la gente corría, arrancaba y dentro de mi había algo que me decía que correr no era una opción, que habíamos corrido 30 años y nunca habíamos ganado nada, deje a mi cuñada y sobrina en un lugar lejos de los pacos y me fui a la línea, con una pura polera en la cabeza y un camote en la mano. Por primera vez vi miedo en los ojos de los pacos, el agua del guanaco ya no mojaba y las lacrimogenas no hacían llorar, solo recuerdo el sonido del caceroleo, de los fierros, de los gritos y mi único pensamiento era resistir, aguantar, no retroceder para que quienes protestaban pudieran hacerlo tranquilos.

En la primera línea no habían jefes, ni wnes levantados de raja, si estabas fuera del escudo se acomodaban para que quedaras dentro, si no tenías antiparras alguien te daba las que le sobraban, si necesitabas agua saltaban 5 a darte agua. Por eso sé que volveremos y vamos por todo…”

de @PrimeraLinea9 Padre, esposo, y primera línea.