Clases Online: cuando la desigualdad no se soluciona con un chip

El Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (Cruch), sostienen que el total de las 32 universidades agrupadas, han desembolsado hasta la fecha $16 mil millones para hacer frente a la desigualdad del acceso a internet.

Por Alexis Aravena y Christian Castro Guerra

La rápida expansión del coronavirus no solo dejó en evidencia al sistema de salud, también lo hizo con el de educación. Alumnos y alumnas sin computadores, con problemas de conexión a internet y otros que derechamente no cuentan con este servicio, fueron algunas de las circunstancias que impidieron un eficiente trabajo educativo. Para combatir la situación, las universidades del Consejo de Rectores destinaron más de $16 mil millones para poder impartir el semestre. Algunas
debieron invertir en solo chips de internet. La Universidad Católica destinó un 82% del dinero extra para comprar chips con internet móvil. Sin embargo, ya a finales de semestre muchos estudiantes aún no cuentan con este beneficio. Vergara 240 se sumergió en las complejidades de un semestre difícil, diferente, que hizo notar una soterrada desigualdad tecnológica.

Desde que comenzó la cuarentena, en la casa de Amanda Morales (19) las luces se encienden de lunes a viernes a las 06:30 am. Desde temprano su madre ya prepara el desayuno y se alista para comenzar su teletrabajo. Es la única sostenedora del hogar y tener dos hijos en la universidad no ha sido fácil. Amanda va a buscar el notebook de su hermano Joaquín (19), hace aproximadamente 30 min se fue a dormir, porque tiene el
sueño cambiado a causa de que estudia de noche. Dividirse los horarios ha resultado, pero debe despertarlo, ya que suele olvidar contraseña. Las mañanas han sido intensas en pandemia.


Amanda estudia Construcción Civil en la Universidad Católica (UC). Vive con su madre y sus dos hermanos mayores en un block de Santa Lucía. Actualmente se encuentra cursando su segundo año de carrera gracias a la gratuidad, beca que le permite estudiar y que pretende mantener hasta el final de su proceso universitario. Sin embargo, desde que comenzó la cuarentena total en la Región Metropolitana, tiene miedo de atrasarse un año y no cumplir su sueño de tener un título. La primera clase de Amanda comienza a las 08:30 y ya está lista para empezar. Se posiciona en la mesa del living, ya que no tiene escritorio en
su pieza, así que ese lugar es el más adecuado para poner un notebook y un cuaderno. Está nerviosa, porque en las mañanas su internet anda más lento que en las tardes y le frustra pensar que debe asistir a una cátedra de hora y media que se ve y se escucha entrecortada.


Pese a las inversiones, protocolos y obligaciones esgrimidas por las universidades y el Ministerio de Educación a lo largo de Chile, testimonios como el de Morales se repiten en alumnos, quienes por razones económicas o de salud se les ha hecho imposible continuar con el semestre de forma remota. Desde el Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (Cruch), sostienen que el total de las 32 universidades agrupadas, han desembolsado hasta la fecha $16 mil millones para hacer frente a la desigualdad del acceso a internet.

Primeros síntomas

Daniela Riveros (19) estudia Derecho en la Universidad Católica. Vive con su madre y sus tres hermanos menores en San Miguel. Será la primera universitaria de la familia y eso implica un gran orgullo para su madre. Su sueño es ser una abogada penalista. Gracias a la gratuidad pudo ingresar a la UC, algo imposible para su hermana que no tuvo esa beca.


Es jueves 7 de mayo, 2:00 am, Daniela continúa preparando su disertación que será en ocho horas más. La ha practicado desde hace dos días, pero está muy nerviosa. Tiene miedo de que falle la conexión de red en medio de la presentación por tener gratuidad, puede postular a la beca de conectividad de la universidad. Sin embargo, prefiere no hacerlo, ya que piensa que haciendo eso le estaría quitando la posibilidad a alguien que de verdad lo necesita.


La Universidad Católica (UC), plantel privado y parte del Cruch, declaró haber gastado más de $912 millones en “conectividad más equipamiento para estudiantes” en el catastro hecho por la Subsecretaría de Educación Superior. Esto equivale al 82% del total de su gasto no presupuestado para enfrentar la pandemia. Cabe mencionar que solamente los estudiantes
con gratuidad podían postular a esta beca de conectividad.


Karina Sepúlveda (20), quien también estudia en la UC, es la otra cara de la moneda. Ella vive en Quillón, en la región de Ñuble junto a sus padres. Al igual que Daniela, ella estudia derecho en la Universidad Católica y también cuenta con la gratuidad. Ella sí postuló por la beca de conectividad que administró su universidad y está bastante satisfecha respecto a cómo se han llevado las cosas. “O sea sí, como estudiante siento que rindo mucho menos
que antes, pero en verdad me he ido acostumbrando… El chip me ha funcionado genial, incluso lo he usado para ver cosas en Netflix”, concluyó Sepúlveda.


Según los últimos datos entregados por la Subsecretaría de Educación Superior, el 95% de las universidades del país (42) y el 89% de los centros de formación técnica e institutos profesionales (63), tomaron medidas para flexibilizar pagos. Desde la postergación de las cuotas correspondientes a los primeros meses del año y a los primeros meses del 2021, la posibilidad de realizar abonos de una parte del arancel para los estudiantes que lo
requieran, el descuento de parte de la mensualidad y la ampliación de las fechas de vencimiento de las cuotas, entre otras medidas.


El Ministerio de Educación, a través de la Superintendencia de Educación Superior, desarrolló un Plan de Acción para enfrentar la pandemia del Covid-19 para que todas las universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica pudieran asegurar la continuidad de los estudios, a través de plataformas digitales.


Los datos entregados por la Comisión de Educación de la Cámara de diputadas y diputados, indican que sólo un 39% de las casas de estudio (45), señalaron que parte de las medidas de flexibilización incluirá la condonación de intereses y multas para las familias que no puedan pagar los aranceles a tiempo. Además, la mayoría de las instituciones, informaron que estaban abriendo canales de contacto para conocer la situación de sus estudiantes y así poder brindarles apoyo.

Tiempos de cambio


Gabriel Arancibia (22) estudia derecho en la Universidad Alberto Hurtado. Vive en Ñuñoa con sus padres y hermano mayor. De los cuatro integrantes, sólo sus padres trabajan. Arancibia posee la beca de gratuidad. Sin embargo, siente temor por este convulsionado semestre. Él está muy preocupado, ya que no hay posibilidad de que se atrase con una asignatura, porque eso podría significar el fin de su gratuidad para cubrir sus últimos años de carrera.

Los textos que debe leer Gabriel, en promedio, superan las 50 páginas. Cuenta con una impresora para estos casos. Sin embargo, sólo imprime algunas páginas de cada texto, porque no quiere tener que gastar más dinero en tinta. Todo lo que no imprima lo debe leer en el computador. Menciona a su celular como el único “momento de distracción en el día” y
sonríe de forma irónica al decir que pasa sus días tras el brillo de una pantalla.

Para Fabiola Maldonado , docente de la Universidad de Chile y experta en educación, un semestre con clases 100% remotas, significa una transformación completa de los procesos pedagógicos. Se transformó el currículum, al exigir repensar los contenidos y la selección de estos. La didáctica debió ser cambiada, ya que significó el ir probando estrategias
diferentes a la hora de llevar a cabo la enseñanza y finalmente se modificaron los métodos de evaluación. Sin embargo, la educación online sólo es posible netamente en un tipo de educación teórica, no así en una enseñanza de tipo práctica.

Ante esta situación, para esta docente, el semestre remoto visibilizó una desigualdad que afecta el acceso a la educación, especialmente en la conectividad que se vive en el país, ya que hay aparatos, pero no la calidad adecuada de conexiones para llevar a cabo clases online de manera sistemática. Para ella, esto es un periodo de prueba, ya que se han
realizado entregas, préstamos, arriendo de equipos y chips para los estudiantes que lo requieran. No obstante, se hacen catastros permanentemente para ver si estas medidas van por buen camino.

El Cruch en números rojos


El 2019 fue un año convulsionado en lo financiero, específicamente para las universidades. Las movilizaciones estudiantiles por el estallido social, el retiro de algunos alumnos y el aumento de la morosidad, se describen como la explicación en la baja de ingresos, aproximadamente en casi $32 mil millones de pesos.

Con la situación de catástrofe por la pandemia, las cosas no han cambiado, ya que se ha evidenciado un aumento en la suspensión de estudios y en postergación de matrículas, por lo que ya se registra una baja por aranceles de cursos superiores. En 2019 las universidades recibieron $79 mil millones, este año tuvieron un saldo de $17 mil millones menos.

Desde el Cruch, argumentan que la docencia virtual no es una estrategia comercial por parte de las universidades, sino que es una nueva forma de enfrentar el proceso de enseñanza universitaria con los resguardos correspondientes ante esta catástrofe.


Jorge Pujado, encargado de comunicaciones del Cruch, comentó que el panorama financiero actual de las universidades es muy complejo, ya que en 2019 se aplicó la ley 21.091, la cual limita el cobro de los aranceles a todos los estudiantes que pierdan la gratuidad. Además, se debió afrontar la disminución de matrículas y morosidad de las familias debido a las movilizaciones del segundo semestre.

Durante el periodo de pandemia, en los planteles universitarios, se ha evidenciado una disminución de costos básicos de funcionamiento, como reducción de consumo de agua, luz, etc. Sería un total de $7.765 millones hasta el mes de abril. No obstante, esta baja en los costos no sería significativa en los gastos totales, ya que se han debido invertir más de
$16.556 millones para iniciar el semestre de forma remota.


Macarena Herrera (24), estudia diseño en comunicación audiovisual en la Universidad Tecnológica Metropolitana. Vive con su madre y su hermano en Peñalolén. Está cursando por segunda vez el primer año de esta carrera, esto debido a que perdió su gratuidad. El año pasado falleció su padre, lo que provocó en ella un shock emocional tan fuerte que dejó de rendir en sus estudios. Por esto decidió repetir cada uno de sus ramos, aunque eso
significase perder su beca. “Mi objetivo este semestre era hacerlo bien, aprender bien de una carrera que me encanta”, declaró Herrera.

Todas las mañanas se veía obligada a conectarse a las clases usando su celular. Esto la complicó bastante al principio del semestre, ya que hubiese preferido poder usar un computador. Su familia sólo cuenta con una laptop, la cual es utilizada todas las mañanas por su madre para realizar teletrabajo. Afortunadamente, hoy cuenta con la beca de conectividad que su universidad le proporcionó. No obstante, solo tiene el computador y aún
no cuenta con el internet que la beca incluye. A ella le gustaría tener la beca completa, ya que considera que su internet es muy lento.


Un 41% de las instituciones educacionales, declara entregar becas de conectividad para los alumnos que no cuentan con acceso a internet. Estas van desde chips con planes de datos, hasta convenios con empresas de telefonía para cargar el dinero de estas becas en los planes de los estudiantes, además de otras vías de financiamiento. Esto ha sido informado por 33 universidades y 14 centros de formación técnica e institutos profesionales.

Se han repartido más de 57 mil becas entre los estudiantes y al menos 7 mil equipos a lo largo de todo el país. Sin embargo, hasta esa fecha, existían varias instituciones que no las habían activado o en ese momento estaban realizando gestiones para entregar beneficios a los jóvenes que más lo necesitaban.


Adaptarse a nuevas metodologías


Joaquín Morales (23) es el hermano mayor de Amanda y estudia Diseño en Comunicación Visual en la Universidad Tecnológica Metropolitana. Hoy vive con ánimos muy diferentes a los de su hermana menor, ya que está a punto de congelar su carrera.

Desde que comenzó la cuarentena se despierta todos los días a las 14:00 pm, justo para almorzar. Al principio asistía a las clases online. Sin embargo, después de un tiempo se aburrió. “Sentía que no estaba aprendiendo nada, el feedback (retroalimentación) con el profe no es el mismo y además, en todas las clases había algún problema. Muchas veces nos pedían materiales que no eran difíciles de conseguir, pero habían muchos compañeros
que reclamaban, porque no podían salir a la calle a conseguirlos o simplemente porque no tenían dinero para comprarlos”, declaró.


Morales cuenta con gratuidad al igual que su hermana, sin embargo, esta es su segunda carrera. Hace tres años estaba estudiando periodismo. Esto lo deja en una posición financiera delicada, ya que la beca no podrá cubrir sus estudios hasta su egreso. “Por lo mismo pienso en congelar. Tengo compañeros que lo han hecho y lo entiendo, porque están en situaciones más complicadas que la mía… No quiero sentir que perdí este año, por
eso creo que es mejor congelar y volver cuando todo esto mejore”, concluyó Morales.

Joaquín al momento de iniciar el semestre estaba sumamente emocionado por entrar, pero ahora la situación es muy diferente. Su carrera llegó al consenso de irse a paro el mes de mayo, esto ocurrió por las dificultades que tenían muchos estudiantes para entender una nueva metodología de clases, la cual es muy diferente al método práctico de prueba, error y
corrección al cual estaban acostumbrados.


Pablo Viollier, docente de la Universidad Diego Portales y abogado de la ONG Derechos Digitales, experto en materia digital, piensa que no corresponde asumir que los estudiantes, sus familias e incluso los docentes cuentan con los recursos para participar de forma plena en la educación a distancia.

Para el experto, hay varios temas de fondo, ya que no se puede asumir que todos los actores involucrados en el proceso educativo contaban con los implementos para llevar a cabo una educación online. Por lo tanto, para el docente es necesario que los centros educativos cuenten con respaldos de las clases para los alumnos que no pueden tener acceso a una clase online de forma sincrónica. Por otro lado, Viollier opina que no se ha tenido consideración, en la docencia de tipo online, en la medida en que esta misma cambia o se adapta a ciertas circunstancias, teniendo en cuenta las clases y las evaluaciones.


“Se plantea que el asumir una educación 100% online, significa cambiar las metodologías que se usan a la hora de construir una clase presencial, ya que los elementos cambian. Lo mismo tiene que ocurrir con las evaluaciones de estas clases a distancia. Por lo tanto, la necesidad de buscar culpables o formas de llevar una educación online con los mismos
métodos de una clase presencial no llevarán a ninguna salida”, declaró el experto.

El jueves 4 de junio Amanda Morales le escribió un mail a su universidad, el cual decía lo siguiente: “Buenos días. Lamento la insistencia, pero quiero dejar constancia de que ya habiendo terminado el mes de mayo, todavía no he recibido el chip movistar correspondiente a la beca de conectividad. Escribo para que se conozca mi problema y agradezco de antemano su respuesta”. La respuesta del Departamento de Asistencias Socioeconómica UC fue: “Por favor, cuéntame si tuviste alguna respuesta o contacto de Movistar. Gracias”. Amanda contestó que Movistar no se ha pronunciado de ninguna forma. Hasta el día de hoy no tiene respuesta ni de la compañía, ni de su casa de estudios.