Operación Albania: la historia de un montaje planificado, entre la CNI en conjunto con medios de comunicación oficialistas.

por Mikal/Maurio Castro

La historia de la Operación Albania no es una más de los años ‘80, no es una más que relata la muerte de frentistas, es la historia de un montaje planificado, en donde agentes de la Central Nacional de Informaciones en conjunto con medios de comunicación oficialistas se confabularon para dar un testimonio falso ante las cámara y a la sociedad.

Tras el atentado del Frente Patriótico Manuel Rodríguez a Augusto Pinochet y su comitiva el 7 de septiembre de 1986, la historia de muchas personas cambió para siempre. Pocas horas después de la emboscada en el sector de Las Vertientes en el Cajón del Maipo, el general apareció en el noticiario de Televisión Nacional, 60 minutos, con su mano vendada, mostrando el Mercedes Benz blindado dañado y señalando una frase que quedaría grabada en la historia de Chile: “¡Esto prueba
que el terrorismo es serio, que es más grave de lo que están hablando y que ya está bueno que los señores políticos se den cuenta que estamos en una guerra entre el marxismo y la democracia!”.

Este hecho fue uno de los antecedentes principales de uno de los montajes más emblemáticos de la dictadura militar. La Operación Albania o Matanza de Corpus Christi dejó entre el 15 y 16 de junio de 1987 doce frentistas muertos en manos de agentes de la CNI. Los hombres de bigote simularon fuertes enfrentamientos para 7 encubrir la muerte de estas personas, entre ellas la de José Joaquín Valenzuela Levi, uno de los líderes del FPMR y cabecilla del atentado a Pinochet.

Fotografía de Pepe Durán. Junio 1987

La CNI tenía dentro de su organización la denominada “Brigada Azul”, brigada que dependía de la División Antisubversiva cuya misión era reprimir al Frente. 35 miembros trabajaban en la brigada que ajustaban los detalles de la Operación Albania ,el falso enfrentamiento que comunicarían para ocultar la matanza de los rodriguistas ejecutados.

Valenzuela Levi, El “búlgaro” “Comandante Ernesto”

Valenzuela Levi fue designado por el FPMR como el jefe del atentado a Pinochet.

Antes de regresar a Chile clandestino y liderar el atentado contra Pinochet en el Cajón del Maipo, José Joaquín Valenzuela Levi estudió marxismo leninismo en Alemania Oriental, se graduó como oficial de Infantería en Bulgaria, sirvió en las fuerzas armadas cubanas y combatió a la guerrilla en Nicaragua. El comandante “Ernesto”, uno de los mejores combatientes del FPMR, estaba seguro que moriría en la cuesta Achupallas la tarde en que tuvo al dictador en la mira de su lanzacohetes. Pero encontró la muerte un año, dos meses y 21 días después, a manos de la CNI, como una de las doce víctimas de la “Operación Albania”.

“Rodrigo” había ingresado clandestinamente a Chile a fines de 1984, para combatir a la dictadura. Adoptó una nueva chapa o nombre político: “Ernesto”. Poco más de un año después, el PC lo designó líder de la operación más ambiciosa del FPMR: el atentado contra la comitiva presidencial de Augusto Pinochet en el Cajón del Maipo. Tras el fracaso de la emboscada, se mantuvo en el país, como encargado de las escuelas clandestinas rodriguistas. Pese a los tropiezos, la lucha debía continuar.

La CNI comenzó a seguirle los pasos en los primeros meses de 1987. Cuando sus agentes lo asesinaron, en el marco de la “Operación Albania”, llevaba una identidad falsa. Solo tiempo después los hombres de Álvaro Corbalán cayeron en la cuenta que habían ultimado al comandante “Ernesto”, líder del grupo que se atrevió a disparar contra Pinochet.

Ignacio Valenzuela Pohorecky

Ignacio Valenzuela Pohorecky: Alrededor de las 10 de la mañana del 15 de junio, tomó la micro que lo llevaría a la zona oriente de Santiago. Se bajó en Colón pasado Alhué, caminó y entró por esa calle.

Un vehiculo Mitsubishi azul no perdía sus pasos. Seis hombres con brazalete amarillo entre los que se encontraba el suboficial de Ejército René Valdovinos Morales, el carabinero Manuel Morales y el agente César Acuña. Detuvieron los vehículos en calle Alhué a la 50 altura del 1172 y le dispararon por la espalda a Ignacio, todos en su contra y varios disparos a la vez.

El cuerpo de Valenzuela Poherecky se desplomó en la vereda oriente de la calle, su cabeza a 5 cm de un árbol que daba al antejardín de una casa con un muro pintado celeste, celeste deslavado. Rápidamente le pusieron entre sus ropas una granada para“cargarlo” le taparon la cara con unos diarios y cuando llegó carabineros le pusieron encima un plástico verde.


En la misma calle, a 30 metros del lugar Adriana Pohorecky comenzaba a
impacientarse en su casa. Se asomó por la ventana para ver qué pasaba, había mucho ruido y varios autos ocupando las vías y calzadas de la manzana. De un minuto a otro se llenó de gente, Adriana (su madre) presa de la incertidumbre alcanzó a ver una persona tirada en el piso que vestía chaqueta café, una bufanda de lanilla escocesa, un suéter color terracota y un pantalón de cotelé. No quiso creer que fuera su hijo, Intentó acercarse a la esquina para ver más, pero no la dejaron. El suéter le parecía familiar, pero entre los nervios olvidó que ella misma lo había tejido. (su cara estaba rota a tiros)

Ignacio Valenzuela Pohorecky, El Comandante “Benito”

Mientras Álvaro Corbalán e Iván Belarmino Quiroz, se reunían para ultimar detalles del proceso Operación Albania” el director de la CNI, Salas Wenzel, se comunicaba directamente con Augusto Pinochet para contarle cómo iban las cosas.

Patricio Acosta Castro:

Patricio Acosta Castro era instructor de una escuela de cuadros clandestina del FPMR.

A las 18.00 de ese mismo lunes 15 de junio, desde su casa en calle Varas Mena N° 630, casi esquina con Moscú, en la comuna de San Miguel, salió un rodriguista al que Bauer y su gente identificaban como “Jirafales”. Era alto, corpulento y de bigotes, como el personaje de la serie mexicana El Chavo del Ocho. Se trataba de Patricio Acosta Castro, con estudios de ingeniería en la Universidad de Santiago y quien secretamente era instructor en una escuela clandestina de cuadros del FPMR. Dos vehículos de la CNI llevaban horas esperando que saliera de su domicilio, donde vivía con su madre.

En la calle comenzó a ser seguido por el suboficial y agente Juan Alejandro Jorquera Abarzúa, apodado “El Muerto”. A través de la radio, Bauer ordenó detenerlo, pero Jorquera Abarzúa se negó, alegando que el subversivo era demasiado alto y corpulento.

A eso de las 18:30 horas, “Jirafales” giró en 180 grados y sorpresivamente comenzó a devolverse, tal vez advertido de que estaba siendo vigilado. Quedó de frente al CNI Francisco “Gurka” Zúñiga, quien segundos antes caminaba tras él con un grupo de agentes de la Brigada Especial que comandaba. Cuando estaban a punto de cruzarse, sin ninguna advertencia de por medio, Zúñiga sacó su pistola y lo abatió de un disparo en la cabeza. Patricio Acosta Castro murió instantáneamente.

Tal como ocurrió en calle Alhué con el primer rodriguista abatido, Zúñiga y sus hombres pusieron junto al cuerpo un arma de puño. Los agentes dispararon al aire con sus metralletas, para escenificar un enfrentamiento. Una vecina sacó una sabana y cubrió el cuerpo sobre el pavimento. Era el segundo asesinado de la jornada.

Patricio Acosta Castro

Julio Guerra Olivares

Julio Guerra Olivares: combatiente del FPMR. Había participado en operaciones como el atentado a Pinochet.

A las 23:45 horas de ese mismo lunes 15, un grupo operativo de la CNI llegó a comer algo al restaurant El Pollo Caballo de Vivaceta. Por la agitación de ese día no habían tenido respiro para su hora de colación. En eso estaban cuando recibieron una llamada de auxilio desde la Villa Olímpica, en Ñuñoa.

Los que pedían ayuda eran de otro grupo operativo que había llegado hasta el departamento donde residía el rodriguista Julio Guerra Olivares, a quien la CNI apodaba “Pericles”, por el nombre de su calle.

A sus 29 años, Guerra era uno de los más fogueados combatientes del Frente; había participado en numerosas acciones, la más importante, el atentado contra Pinochet en septiembre de 1986. Al parecer, cuando los agentes intentaron detenerlo, resistió con un arma. Los atacantes gasearon el departamento y esperaron refuerzos, ya que temían ser repelidos.

Cuando llegó el apoyo, el agente Fernando Remigio Burgos Díaz, apodado “El Costilla”, se puso una máscara antigases y subió al departamento. Encontró a Julio Guerra en el baño, semiasfixiado. Inmediatamente le disparó. Atrás venía el oficial de Ejército Arturo Sanhueza Ross, quien lo baleó en el pecho, pese a que la víctima ya estaba inmóvil. El cuerpo fue sacado hacia las escaleras, donde recibió una andanada de disparos en varias partes, entre ellas los ojos. Las heridas en los globos oculares fueron confirmadas por el entonces funcionario de la Policía de Investigaciones Mario Francisco Darrigrandi, quien por turno debió concurrir al procedimiento.

Julio Guerra Olivares

VARAS MENA

Casa escuela de cuadros del FPMR.

Poco antes, a eso de las 23:00, varios agentes de la Brigada Investigadora de Asaltos de la Policía de Investigaciones, dirigidos por el prefecto Sergio “Chueco” Oviedo, coparon las viviendas con los números 415 y 419 de calle Varas Mena, en San Miguel. Era cerca de donde fue abatido Patricio Acosta Castro, la segunda víctima de la jornada.

Los detectives –que estaban apoyando a la CNI en la operación–, llevaban brazaletes amarillos y fusiles de asalto. A los moradores de ambas viviendas los obligaron a meterse en una habitación y a permanecer en silencio, mientras se ubicaban con sus armas en las ventanas, el patio y en la puerta principal. Decían que estaban buscando a un prófugo peligroso, que se había refugiado en una vivienda aledaña, en Varas Mena N° 417.

Aunque la vivienda que estaba siendo rodeada parecía normal, ahí funcionaba una escuela de cuadros del FPMR. Sus responsables eran Juan Waldemar Henríquez Araya y Wilson Henríquez Gallegos. Henríquez Araya era el mismo conocido por la CNI como “El Rey”, aquel rodriguista experto en burlar seguimientos, que había combatido en Nicaragua y a quien los hombres de Álvaro Corbalán suponían en número uno del grupo armado.

Poco después de las 23:00, un agente gritó hacia la vivienda que estaban rodeados y que se rindieran. Enseguida se sintió un violento impacto en el portón del jardín, que fue chocado por un furgón. Comenzó un feroz enfrentamiento. Los agentes disparaban desde la calle y casas vecinas. Adentro había unos 14 frentistas; solo dos respondían el ataque, con fusiles: Henríquez Araya y Henríquez Gallegos. Los dos responsables de la escuela buscaban ganar tiempo para que la mayor cantidad de moradores alcanzara a huir.

La retirada se hizo desde la parte posterior de la casa, a través de un orificio en el techo al que se llegaba trepando un camarote. Al asomarse a la noche el frentista Santiago Montenegro recibió un tiro en el cuello. Cayó al piso gravemente herido. También salió Cecilia Valdés, con un hijo de dos años. Fueron detenidos en una calle por una patrulla de la CNI. La mujer estuvo a punto de ser fusilada en el acto y fue salvada por un detective. El rodriguista Héctor Figueroa también fue detenido en una calle cercana.

Cuando todos los moradores habían salido, por el mismo orificio salieron al techo los responsables de la escuela. Juan Waldemar Henríquez Araya y Wilson Henríquez Gallegos tomaron distintas direcciones. El primero saltó a la casa con el número 415. Mientras huía por la techumbre recibió un impacto mortal. El tejado cedió y el cuerpo sin vida cayó en un pasillo de la vivienda.

Wilson Henríquez saltó en dirección contraria, sobre el techo de la casa N°419. Cayó herido por el fuego de los policías. La versión judicial de un detective indicaría años después que fue capturado vivo y asesinado en el patio. Sin embargo, en su fallo de 2005 el ministro en visita, Hugo Dolmestch, consignó que su muerte fue por los impactos que recibió en el techo. La caratuló como “homicidio simple”.

Dos miembros del FPMR, encargados de una escuela de cuadros clandestinas,
murieron al intentar huir por los techos de una vivienda atacada por la CNI.
Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.

SECUESTROS

Paralelamente, en el transcurso de ese mismo lunes varios grupos operativos habían detenido a siete integrantes del FPMR. Uno de ellos era “Rapa Nui”, José Joaquín Valenzuela Levi, el comandante frentista que había liderado el atentado a Pinochet. Valenzuela Levi había sido capturado por el agente Sergio Mateluna junto al capitán Krantz Bauer, a la salida de una reunión en una casa cerca del paradero 21 de Vicuña Mackenna. Le cayeron por sorpresa, sin que pudiera resistirse. Fue trasladado hasta los calabozos del cuartel Borgoño.

En operativos similares también fueron apresados los rodriguistas Ricardo Hernán Rivera Silva, jefe regional de Concepción; Elizabeth Escobar Mondaca, quien realizaba tareas de seguridad e infraestructura; Patricia Quiroz Nilo, Ricardo Silva Soto y Manuel Valencia Calderón, miembros los tres de las fuerzas especiales del Frente; y Esther Cabrera Hinojosa, quien cumplía labores de aseguramiento. Los seis llegaron también al cuartel Borgoño.

Corbalán tomó el teléfono y discó un número. Cuando respondieron al otro lado, el mayor preguntó: “¿Va, mi general, la segunda etapa de lo que usted me ordenó hacer?”. La respuesta del general Hugo Salas Wenzel, director de la CNI, fue positiva. Apenas colgó, Corbalán reprendió a Quiroz. Le recordó que el director de la CNI solo dependía de Pinochet, por lo que “no se podía dejar de cumplir la orden que se estaba dando”, declararía Quiroz ante la justicia.

Por orden de Corbalán, la Brigada Especial del “Gurka” Zúñiga quedó a cargo de ejecutar la última etapa de la “Operación Cúpula”.

Pedro Donoso “la Masacre”

A las cuatro de la mañana, una caravana de cinco vehículos salió del cuartel Borgoño y enfiló hacia el norte de la capital. En el interior una veintena de agentes de la CNI llevaba amarrados y vendados a los siete presos.

Se detuvieron frente al N° 582 de calle Pedro Donoso, a la altura del N° 3500 de Recoleta, en Conchalí. La casa era una antigua vivienda de adobe, tabiquería y techos de lata. Los agentes bajaron baúles con armas y otros implementos para transformar el inmueble en una casa de seguridad del FPMR. Luego lo hicieron con los detenidos, acompañados cada uno por sus respectivos captores. En la puerta, Zúñiga indicaba a sus hombres dónde ubicarse. Cada preso quedó arrodillado frente a su custodio, que esperó con su arma lista.

Faltando minutos para las cinco de la mañana la voz de un megáfono ordenando la rendición despertó al vecindario. Enseguida, una piedra cayó pesadamente sobre el techo. Era la señal: los agentes comenzaron a lanzan ráfagas de fusiles y metralletas. Uno de los hombres de Zúñiga rompió un vidrio y disparó a la calle, hacia un blanco inexistente. En el interior de la casa, cada celador ultimó de certeros balazos al detenido que tenía a cargo. El oficial Cifuentes le pegó cuatro tiros a José Joaquín Valenzuela Levi, y el teniente Emilio Neira Donoso uno más; el teniente Erich Antonio Silva baleó en la frente a Esther Cabrera Hinojosa, lo hace así -diría él- para evitarle sufrimiento. Escenas similares se repitieron con los demás apresados. Poco después, Francisco Zúñiga, el jefe de la Brigada Especial de la CNI, recorrió las habitaciones, dando tiros de gracia a los siete cadáveres cubiertos de sangre sobre el piso.

Según la CNI, esa noche había cerca de un centenar de agentes, carabineros y detectives dentro y fuera de la casa. La orden para que los efectivos asignados a cada víctima percutaran sus armas se dio lanzando un ladrillo en el techo, mientras el resto de los agentes disparó al aire y gritó para dar a los vecinos la idea de un enfrentamiento. Alrededor de las 5.30, los siete frentistas fueron acribillados. Después, entró en acción el capitán Francisco Zúñiga, quien procedió a rematar a cada una de las víctimas.

En el primer dormitorio quedaron los cuerpos de Ricardo Rivera Silva, con cinco impactos recibidos a mediana distancia, y de José Joaquín Valenzuela Levi, con 16, efectuados a corta distancia.

Días después Corbalán y Quiroz, realizaron un asado de camaradería de la CNI, en el casino de oficiales del Ejército en calle Rondizzoni.

Uno de los hechos que llamó la atención de los periodistas, es que en supuestos
enfrentamientos no veían impactos de bala de lado y lado, sino solo desde uno.
Archivo diario La Nación. Universidad Diego Portales.

LA PRENSA

A medida que amanecía, el lugar se fue llenando de periodistas, detectives de la Brigada de Homicidios que periciaron el suceso, y carabineros que acordonaron las calles, para mantener a raya a los curiosos. También llegaron el fiscal militar Luis Acevedo y el mayor Álvaro Corbalán, que se paseaba orgulloso. Ninguno de los presentes puso en duda la versión de un violento enfrentamiento.  Tampoco lo hizo la prensa.

Antes que la prensa llegaron los camarógrafos de la CNI, liderados por el jefe del Departamento de Videos del organismo, Jorge D’Osso Bravo, quien declaró que después de cada operación su equipo grababa el sitio del suceso. Se editaba y hacían copias de las cintas, las que eran entregadas al Departamento de Psicopolítica de la CNI, para luego ser enviadas a los canales de televisión.

El Mercurio y La Tercera se centraron en la versión oficial de Dinacos. El diario de la familia Edwards apenas menciona en un par de líneas que no había señas de proyectiles en otras casas del sector, aunque sí lleva una nota en que dirigentes opositores plantean que la tesis de los enfrentamientos es poco creíble. La Tercera dedica una página entera a transcribir el comunicado de Dinacos y respecto a los impactos de bala, menciona que sí había proyectiles en el frontis interior y que la pandereta tenía varios ladrillos derribados.

El diario Fortín Mapocho fue el más osado a la hora de dar cuenta de la noticia. Aunque a esas alturas tampoco tenía mucha más información, habla de “presuntos enfrentamientos”, de que las doce personas fueron “acribilladas” , menciona el “exterminio” de dos células completas del FPMR y recoge testimonios de vecinos a los que les llamó la atención que si los frentistas se defendieron no hubiera balas en las casas vecinas.

La revista Análisis comenzaba el reportaje firmado por Patricia Collyer contando que al día siguiente todos los vecinos de Pedro Donoso repetían lo mismo: “¡Esto no fue un enfrentamiento! ¡Esto fue asesinato! ¡Que lo diga la prensa, que no mienta igual que el gobierno”. La nota recoge numerosos testimonios que cuestionan la tesis del enfrentamiento y hace la pregunta clave: ¿Las víctimas habían sido llevadas a Pedro Donoso para ser masacradas o los mataron antes y luego se simularon los asesinatos dentro de la casa?

¿Quién es Álvaro Corbalán?

Tal como dice el meme: “ustedes eran muy jóvenes para saberlo pero…” fue uno de los personajes más siniestros de la dictadura, culpable de la matanza de Corpus Christi y dueño absoluto de la bohemia de los años 80 en la capital.

Profesión: asesino. Así se podría resumir la siniestra carrera de Álvaro Corbalán durante la dictadura militar de Augusto Pinochet. Uno de los agentes de represión más temidos y con mayor poder durante esos años, tuvo manga ancha para hacer y deshacer en cada uno de los operativos que encabezó. Uno de los más recordados: la Operación Albania o matanza de Corpus Christi.

Mayor del Ejército. Ex agente de la Central Nacional de Informaciones (CNI), comandante del Cuartel Borgoño encargado de la División Antisubversiva. Fue parte del Servicio de Inteligencia Militar para luego pasar a la Dirección de Inteligencia del Ejército. En 1980 fue trasladado a la Central Nacional de Informaciones (CNI) llegando a ser director del Comando Conjunto. 

Tras su sangriento paso por la Operación Albania en junio de 1987, fue condenado a veinte años de prisión como coautor de cuatro homicidios simples y coautor de ocho homicidios calificados. Sus víctimas fueron Patricio Ricardo Acosta Castro, Esther Angélica Cabrera Hinojosa, Elizabeth Edelmira Escobar Mondaca, Julio Arturo Guerra Olivares, Juan Waldemar Henríquez Araya, Wilson Daniel Henríquez Gallegos, Patricia Angélica Quiroz Nilo, Ricardo Hernán Rivera Silva, Cristián Ricardo Silva Soto, Manuel Eduardo Valencia Calderón, José Joaquín Valenzuela Levi y Recaredo Ignacio Valenzuela Pohorecky.

Tal fue su impunidad durante la dictadura que años más tarde recibiría siete condenas, una de ellas a presidio perpetuo como autor de homicidio calificado de Juan Alegría Mundaca en julio de 1983 en la ciudad de Valparaíso. Además registra cuatro procesos por secuestros, muerte y tortura, y cuatro acusaciones por la muerte de seis personas y el secuestro de cinco.

Actualmente se encuentra en el penal de Punta Peuco desde noviembre del año 2004, antes estuvo recluido en un recinto militar de Peñalolén, en el Penal Cordillera y en la Cárcel de Alta Seguridad en el 2015 desde donde logró, a través de un recurso de protección, regresar al recinto donde se encuentra hasta el día de hoy. 

Una de sus últimas apariciones públicas fue en el contexto de la pandemia del Covid-19. El pasado 22 de marzo, y junto a otro grupo de reos, interpuso un recurso de amparo contra Sebastián Piñera argumentando haber puesto en peligro “nuestras vidas al excluirnos por ser autores de delitos de violación de derechos humanos del proyecto de ley que en razón de la pandemia del coronavirus, envió al Congreso Nacional otorgando indulto conmutativo parcial con monitoreo para sustituir el régimen de reclusión cerrado por arresto domiciliario total”.

Tal fue su descaro que apeló a la Ley Zamudio ya que, a su juicio, “por la naturaleza de nuestros delitos, se nos discriminó condenándonos a una muerte segura”. Para su desgracia, la Primera Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago, presidida por la ministra Dobra Lusic y conformada por los ministros Alejandro Rivera y Rafael Andrade, desestimó el recurso presentado por Álvaro Corbalán y otros internos.

Hugo Ivan Salas Wentzel

General del Ejército en retiro. Fue jefe de la CNI durante la matanza contra militantes de izquierda que se denominó Operación Albania. Extraditable. General, fue jefe de la CNI entre octubre de 1986 y noviembre de 1988

Iván Quiroz Ruiz: El verdugo de la Operación Albania El teniente coronel de Carabineros fue uno de los responsables de la matanza de Corpus Christi. Una vez conocida su sentencia escapó de la justicia pero no por mucho tiempo. Acá repasamos su prontuario para no olvidar.

El teniente coronel en retiro de Carabineros, Iván Quiroz Ruiz, fue uno de los responsables de la matanza de Corpus Christi ocurrida el 15 y 16 de junio de 1987. Su participación, junto a Álvaro Corbalán entre otros, le significó al ex agente de la Central Nacional de Informaciones (CNI) una condena de diez años y un día.

Tras conocer el dictamen, el asesino de la Operación Albania se fugó el 28 de septiembre de 2007 eludiendo a la justicia por varios meses hasta que fue capturado en las cercanías de Concepción por la Policía de Investigaciones para ser trasladado a la prisión donde debía cumplir condena.

Además de su participación en la matanza de Corpus Christi, el ex uniformado fue acusado como autor de cinco secuestros calificados, ocurridos en septiembre de 1987, de Gonzalo Iván Fuenzalida Navarrete,Julio Orlando Muñoz Otárola, José Julián Peña Maltés, Alejandro Alberto Pinochet Arenas y Manuel Jesús Sepúlveda Sánchez.

También fue condenado a siete años de cárcel como autor de los homicidios calificados del periodista José Carrasco Tapia y del publicista militante del PC, Abraham Muskatblit Eidelstein, ocurrido en septiembre de 1986, como venganza tras el atentado a Pinochet en el Cajón del Maipo.

Iván Quiroz Ruiz

SENTENCIAS:

Hugo Salas Wenzel: 15 años y 1 día (perpetua) Punta Pueco

Álvaro Corvalán 20 años (Punta Pueco)

Ivan Quiroz: 10 años de cárcel (Punta Puco)

El resto de los integrantes recibieron condenas menores, algunos, en sus domicilios.

Último fallo Corte suprema 2007.

por Mikal/Maurio Castro

video ingreso del equipo piensa prensa al inmueble, lugar donde fueron asesinados 7 combatientes del FPMR