“40 días recibiendo balas en mi casa”

Son las 2 de la mañana y toca dormir con los dientes apretados, toca soñar…”

Llevo 40 días recibiendo balas en mi casa, en mi techo, en mi pobla, en mi vida. Mis dos hijos preguntan qué debemos hacer, les digo cacerolear. No queda más.

Es muy fácil decirle a alguien que debe encerrarse, y respetar la cuarentena si no has vivido el terror de la pólvora en tu hogar. Así como les es fácil a los grandes rostros de la televisión decirnos que la gente puede entrenar en su casa, hacer yoga y un huerto, darnos ideas de una cuarentena hippie chic, pero eso califica para el tipo de vivienda y vida de 2 millones de chilenos, los otros 18 millones de chilenos no tenemos espacio para eso, ni silencio, ni paz, ni comida, ni trabajo, ni derecho.

Pertenezco al 80 por ciento de Chile que le toca incertidumbre, equilibrio precario, dolor y terrores nocturnos, por que nos balean, por que no hay pega, por que no hay comida ni espacio ni derechos.

Son las 2 de la mañana y toca dormir con los dientes apretados, toca soñar con balizas sonando, toca no saber que pasará mañana. Mi hijo duerme abrazado a mi, confiando en que aunque ni los pacos, ni milicos ni el gobierno hicieron algo por él, la mamá si, la mamá caceroleó y pataleó y berreó por que el mundo no debe ser así, mi hijo de 7 años a las 10.30 de la noche en la calle vió vecinos organizados defendiendo su dignidad, su derecho de vivir en paz.

Hoy es otro día más de balaceras, otro día más de covid, otro día más sin el derecho de vivir en paz.

Columna de Sol Danor.