Asesinan a tiros a ambientalista indígena del bosque en Brasil

Llega abril con la esperanza que algo mejor pueda comenzar. Pero en pocos minutos, la desilusión golpea con la noticia que Zezico Guajajara, un indígena ambientalista guardián de la Amazonia brasilera, fue asesinado a tiros a menos de 5 meses del asesinato de otro guardián, Paulo Paulino Guajajara.

Zezico Guajajara, un maestro que denunció varias veces la tala ilegal, fue hallado en una carretera cerca de su aldea en el estado de Maranhao


Es imposible esclarecer las circunstancias de la muerte de Sezico pero es sabido que todos los ambientalistas de estas y otras áreas naturales de nuestro planeta, han sido perseguidos por años, por grandes corporaciones y a su vez por mafias de todo tipo, como las madereras ilegales que explotan los últimos recursos que van quedando en los pulmones verdes del planeta como lo es el Amazonas. Esta selva alberga a más de 80 tribus no contactadas, que han sabido ser fieles conservacionista de especies que aún no han sido descubiertas y que no necesitan de nosotros para vivir.

“¡Despertemos humanidad, ya no hay tiempo! Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de estar sólo contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal”.

Berta cáceres


En las últimas décadas, Latinoamérica se ha vuelto el territorio más peligroso para los ambientalistas tanto locales como extranjeros., quienes han sido perseguidos de manera despiadada, asesinados en manos de sicarios contratados, con claros pero no comprobados nexos con empresas extranjeras y también las mismas corporaciones multinacionales que usan recursos legales para alejarlos de su trabajo en la defensa del medioambiente.

Un ejemplo de esto, la demanda que enfrento la petrolera Exxon en Ecuador, quien perdió después de más de una década de litigios en Estados Unidos y Canadá, y quienes hasta hoy no han sido capaces de compensar la pérdida irreversible de recursos naturales a los indígenas dueños de las tierras y ríos contaminados con la extracción de crudo.

No hay aquí solo una sentencia que cumplir, también un juicio moral al que estas grandes empresas están absolutamente exentos, pues no siente que han hecho un daño irreparable, bajo el pensamiento colonialista, donde los indígenas son ciudadanos de segunda clase, o peor, no cuentan en los números de seres civilizados.

“Perdimos a otro guerrero, un gran líder del pueblo guajajara”, dijo en un comunicado Sonia Guajajara, integrante de la tribu y coordinadora ejecutiva de la Asociación de Pueblos Indígenas de Brasil.


Es así como se han sumado a través de los años, muchísimos ambientalistas “blancos” para luchar codo a codo con ellos, muchos de los cuales han tenido que enfrentar irónicamente largos juicios por difamación en sus respectivos países o de donde sean las compañías que los acusan de ensuciar su imagen ante el mundo, al exponer las atrocidades que realizan en la selva para beneficiarse de sus recursos naturales a cualquier costo. Estos ambientalistas, junto a las fundaciones que representan terminan pagando millonarias indemnizaciones para no ir a la cárcel y poder defenderse, en una vuelta de cartilla que parece una burla.

De norte a sur en todo el continente americano, podemos ver el abuso y el atropello a las creencias, propiedades y vidas de los indígenas quienes son los verdaderos dueños de este paraíso. Se les ha impuesto una cultura de la que son ajenas, por ejemplo a través del traslado a reservas o los colegios factoría, donde llevan a muchos kilómetros de distancia a sus hijos para educarlos de acuerdo a la realidad occidentalizada y con valores cristianos,
muchas veces contrarios a sus propias creencias, al más puro estilo de la colonización del siglo XV.

La soberbia de estas imposiciones, nos lleva a ver como en los últimos años, muchísimos ambientalistas han perdido la vida defendiendo lo suyo, asesinados a sangre fría a veces, como el caso de Berta Cáceres en Honduras o el mexicano Julián Carrillo, o en los casos en que aparecen muertos en extrañas circunstancias, aludiendo suicidios, como los activistas
chilenos, Alejandro Castro, Macarena Valdés y Juan Pablo Jiménez. Todos ellos, se enfrentaron a gigantes empresariales para defender sus tierras y de los demás, fueron amenazados y murieron de manera violenta o muy sospechosa.


La avaricia puede más que un pensamiento lógico simple, como que cuando quedemos sin recursos naturales estaremos en problemas y no habrá dinero que nos pueda salvar. ¿Cómo vivir sin lluvias? ¿Cómo vivir sin agua? ¿O sin aire? Ya estamos viviendo las consecuencias del cambio climático impuesto por el ciclo natural y/o acelerado por nosotros, humanos casi parásitos del único planeta que tenemos. ¿Cómo es posible que
arruinemos nuestro propio hogar?


Y la soberbia del ser civilizado no llega hasta ahí. Hace unas semanas, en Brasil se autorizóa unos misioneros a entrar a lo más profundo del Amazonas para evangelizar a las tribus no contactas, quienes viven alejadas de todo lo que estamos acostumbrados, en equilibrio con
la naturaleza. Al más puro estilo de “La Misión” (película de 1986) pretenden llevar la palabra de un dios occidental (sin ofender a nadie) pasando por alto sus propias creencias y costumbres, ya que para ellos este es el credo correcto. Y no son capaces de retroceder unos siglos atrás en la historia y darse cuenta del daño irreparable que pueden hacer a estas
personas, únicas en lenguas y vidas, contagiándolos con enfermedades tan simples como un resfrío, y peor, con esta pandemia en la que estamos viviendo del Covid19.

No es un mal pensamiento, llega a doler la soberbia y la avaricia y el no respeto a las diferencias de pueblos indígenas, pero hasta hace unos meses el gobierno de Jair Bolsonaro estuvo muy interesado en explotar tierras indígenas. Su único tope: son tierras ancestrales. Y hoy, ellos mismos le facilitan los permisos a estos misioneros, helicópteros incluidos,
para que vayan a cumplir su misión evangelizadora.

Entonces ¿Es sólo imaginación?


Tratar de mantener la fe en la personas cada vez cuesta más. Y de verdad, que la emergencia sanitaria que está viviendo el mundo sirva para despertar, como dijo Berta, y renazcamos en un pensamiento menos individualista, de respeto y comunidad.


¡Larga vida a los ambientalistas que cuidan el hogar de todos!

Por Almendra Villalobos/ Piensa Prensa