Chile 30 de Marzo 1985 Caso Degollados

José Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino fueron secuestrados la mañana del 29 de marzo de 1985, desde el Colegio Latinoamericano de Providencia. Al día siguiente encontraron sus cuerpos degollados en la vía pública. Su caso se convirtió en uno de los más cruentos de la dictadura y tuvo sentencia diez años después.

El 30 de marzo de 1985 se produjo la muerte de José Manuel Parada, Manuel Guerrero y Santiago Nattino profesionales comunistas degollados por funcionarios de Carabineros, hecho que puso en jaque la permanencia del general César Mendoza en la Junta Militar de gobierno y al mando de la institución uniformada desde la cual participó en el golpe del 11 de septiembre de 1973. Inicialmente, Mendoza señaló que se trataba de un ajuste de cuentas entre comunistas. Sin embargo, las investigaciones realizadas por el juez José Cánovas fueron determinantes: la Dirección de Comunicaciones de Carabineros, Dicomcar, estaba involucrada en el asesinato. La reacción del país, en pleno estado de sitio, fue de unánime condena al crimen.

El macabro crimen

La noche del 29 de marzo de 1985 se produjo el secuestro de Santiago Nattino desde Av. Apoquindo. Al día siguiente en la mañana, en la puerta del Colegio Latinoamericano de Providencia, fueron plagiados Manuel Guerrero y José Manuel Parada.

Un Station Wagon Opala sin patente frenó bruscamente y tres sujetos apresaron a los profesionales. El profesor Leopoldo Muñoz salió a defenderlos, pero uno de los tipos lo derribó y le disparó a quemarropa en el abdomen y el vehículo arrancó. Mientras, a un par de cuadras el tránsito había sido desviado y un helicóptero hacía vuelo rasante sobre el establecimiento educacional.

Tras su secuestro, los tres profesionales fueron trasladados a un cuartel secreto de Calle 18, en el centro de Santiago, el mismo que el Comando Conjunto utilizaba a mediados de los ‘70 y que era conocido como «La Firma». Los tres fueron esposados, les vendaron los ojos y los torturaron.

Según el estremecedor relato que hicieron Andrea Insunza y Javier Ortega, de la Universidad Diego Portales, a propósito de los casos que dieron cuerpo a la serie de TV Los Archivos del Cardenal, el expediente judicial del caso estableció que entre la noche del viernes 29 y la madrugada del sábado 30 los tres secuestrados fueron subidos a un Chevrolet Opala, dos recostados en la maleta y uno en el asiento trasero. Al volante iba el cabo Claudio Salazar, como copiloto el cabo 1º Alejandro Sáez y atrás el sargento 2º José Fuentes. Un segundo auto, un Chevy Chevette, lo conducía el coronel Guillermo González Betancourt. De copiloto iba «El Fanta», mientras que uno de los asientos traseros era ocupado por el capitán Patricio Zamora.

Todos eran miembros de Carabineros y agentes de la Dicomcar.

Los autos se trasladaron hasta una zona de Quilicura cercana al aeropuerto. Se estacionaron en la berma, en las cercanías del fundo El Retiro. «El Fanta», Zamora y González Betancourt se quedaron en su vehículo.

Guerrero fue el primero en ser bajado. De rodillas, esposado y vendado en una especia de hondonada junto al camino, el sargento Fuentes le tomó la cabeza por atrás y le cortó el cuello con un corvo. El vehículo se movió unos 30 metros al norte. Bajaron a Nattino, también esposado y con la vista vendada. Usando la misma arma, el cabo Sáez repitió la ejecución. El auto volvió a avanzar algunos metros, donde fue bajado Parada. Tendido de espaldas, esposado y vendado, el cabo Salazar tomó el corvo y le dio un profundo corte en el abdomen. La víctima se resistió y gritó de dolor, lo que aterró a su verdugo. Un tercer agente bajó del coche y lo degolló.

A los tres cuerpos les retiraron las vendas y esposas. Consumados los crímenes, el grupo se trasladó hasta su cuartel, en la calle 18.

Pasado el mediodía del sábado 30 de marzo, dos hermanos campesinos encontraron los tres cadáveres. Siete horas más tarde, fueron trasladados al Instituto Médico Legal, donde familiares y amigos de Parada, Guerrero y Nattino, esperaban conocer la identidad de los cuerpos.

A juicio de Manuel Guerrero hijo frente al beneficio de la salida diaria de la cárcel de quienes asesinaron a su padre, «resulta sumamente violenta esta situación. Sabiendo que se trata de un crimen de lesa humanidad y que se les aplica un reglamento pensado para presos comunes… no hay comparación, para personas que atentaron contra la vida y además fueron recluidas en una cárcel especial, que obtengan más beneficios que los presos comunes».

El «Papudo»

En la Vicaría de la Solidaridad, Parada recababa información sobre el actuar del Comando Conjunto. Ello, después del testimonio que el desertor de la Fuerza Aérea Andrés Valenzuela, alias Papudo, dio en una entrevista a la periodista opositora Mónica González y que, con ayuda de la entidad defensora de los derechos humanos, logró salir ilegalmente del país, no sin antes dejar su declaración notarial al organismo. Fue la primera vez en que se obtuvo un testimonio directo y con nombre y apellido sobre las torturas, muerte y desaparición de militantes de izquierda a manos de la dictadura. Por primera vez, también, salió a la luz el nombre del Comando Conjunto.

En esa misión Parada contaba con el apoyo de Guerrero y Nattino.

Condenados

El brutal triple homicidio provocó indignación extendida y obligó a la Corte Suprema a designar al juez José Cánovas Robles como ministro en visita para investigar el delito.

Sólo cuatro meses más tarde, luego de que las viudas de los asesinados encabezaran semanalmente marchas hacia el Ministerio de Justicia, exigiendo que se hiciera justicia, la investigación realizada por el Juez Cánovas condujo a la detención de dos coroneles, un comandante, dos capitanes y dos oficiales no encargados de la policía nacional (carabineros). Como consecuencia este caso provocó, el 2 de agosto de 1985, la dimisión del general César Mendoza, Director General de Carabineros y Miembro de la Junta del Gobierno desde el golpe militar del 11 de septiembre de 1973 así como la disolución de la Dicomcar, agencia de Carabineros que había realizado, según se afirma, los secuestros y asesinatos.

Finalmente seis miembros del servicio secreto de la policía fueron procesados y condenados a presidio perpetuo por el asesinato.